Crees en los angeles?

SOLO SON PENSAMIENTOS Y CREENCIAS QUE PERDEMOS CUANDO CRECEMOS

martes 11 de diciembre de 2007

NO ESTAMOS SOLOS

Estábamos mediados de diciembre y acababa de cobrar la paga extra de Navidad. Cuando en casa abrí el sobre, me llevé una formidable sorpresa: me habían dado, en números redondos, casi noventa y tres mil pesetas, veinte mil más de las que esperaba, pues aún no llevaba un año trabajando. Por fin podría pagarle a Alberto las catorce mil que aún le debía de la noche con las mellizas. Sin embargo, mi mayor motivo de satisfacción era poder pagar un buen pellizco a mis padres de, por lo menos, cincuenta mil pesetas. De esa forma mi conciencia se descargaría en parte del peso del remordimiento de la mentira más gorda que les había dicho en toda mi vida. En ese instante llamaron a la puerta.—¿Quién es? —pregunté un poco extrañado. Lo habitual era que usaran el telefonillo.—Soy yo, Juan. Llamo antes para que no me reproches que te asusto si entro sin avisar.Abrí y, sin darme tiempo para salir de la sorpresa, mi ángel de la guarda dijo:—¿Cómo te van las cosas?—Anda, pasa; no te quedes ahí afuera —fue lo único que atiné a decir.—No, si estoy adentro desde hace rato, pero he preferido llamar a la puerta por prudencia. Me debo ir pronto porque tenemos mucho jaleo con los preparativos de la Navidad. Cuéntame si necesitas alguna ayuda dentro de las prestaciones de los servicios mínimos. —¡Coño! Pero, ¿dónde estás?—Estoy aquí, a tu lado. Hoy no tengo tiempo de corporizarme, ni siquiera para darme unos balanceos en la mecedora de la abuela. Bueno, a simple vista parece que todo está en orden por aquí. Si tú no tienes alguna sugerencia especial que hacerme, me parece que estoy de más. By the way, como dice Alberto, ¿te sorprendió mi mensaje por Internet? —¿Pero tú conoces a Alberto?—Naturalmente que lo conozco. Además, nos está siendo muy útil. Un día que tenga más tiempo, te contaré algunos chismes; se te van a caer los dientes de la risa. Bueno, ¿te sorprendió mi e-mail o no? —Qué quieres que te diga, me pareció una cursilada impropia de un ángel. Yo tenía la idea de que los ángeles teníais cosas más serias de que ocuparos.—No fue una cursilada, sino una prueba técnica sobre el sistema de comunicaciones más importante que tenéis actualmente por estos pagos. ¡Ah!, por cierto, antes de que se me olvide, tengo que pedirte un favor muy importante. —No se te ocurrirá volver a plantearme tu negocio…—Negativo. Ese asunto está siguiendo su curso. Se trata de que me hagas un préstamo.—¿Qué yo te haga un préstamo a ti? ¿Me estás hablando en serio, o me estás tomando el pelo? —La verdad, no llego a comprender tu extrañeza. ¿Acaso tú no les pides dinero a tus padres, a Alberto o a cualquier otro amigo? Pedir dinero prestado es muy corriente entre vosotros; si hasta habéis inventado los bancos, las cajas de ahorro, las compañías financieras…, por no hacer mención de los sistemas financieros nacionales e internacionales. Y ahora resulta que vengo yo y te pido un préstamo con toda la franqueza y naturalidad del mundo, y alucinas como si te hubiera propuesto una parida. —No serás capaz de decirme que es normal que los ángeles pidáis dinero prestado…—Naturalmente que es normal, y en los tiempos que corren, mucho más. Me parece que tienes una idea un poco irreal y fantasiosa sobre nosotros. Si necesitamos dinero, pedimos un préstamo y todo arreglado. Lo que debo reconocer, con mucha tristeza y pesadumbre, es que ni los bancos ni las cajas ni las financieras nos dan crédito. ¿Sabes por qué? Porque dicen que no tenemos solvencia ni garantías suficientes. ¡Nunca pudimos imaginar desfachatez semejante! Dadas esas circunstancias, cuando necesitamos dinero, tenemos que acudir a los amigos y a la gente de buen corazón, como hacéis vosotros cuando estáis en el mismo caso. —¿Y para qué necesitas dinero?, si es que me permites preguntártelo.—¿Me lo vas a prestar o no?—La verdad, no sé qué hacer. Cada vez me confundes más con tus proyectos, tus ideas y tus negocios. Tú dirás lo que quieras, pero es la primera vez que oigo decir que nosotros, los humanos, les prestamos dinero a los ángeles. De todas formas, tú debes saber que yo no tengo un duro. Pero si no es mucho lo que necesitas, procuraré hacer algo por ti. Dime… ¿de cuánto se trata? —Son cincuenta mil pesetas.—¡¿Cincuenta mil pesetas?! ¿He oído bien?—Pues claro que has oído bien. No te hagas el sordo.—¡Pero si yo no dispongo de esa cantidad! Lo único que tengo son deudas atrasadas, que no pago desde hace meses. —Eso quiere decir que si me haces un préstamo, también tendrás deudas pendientes de cobro, ¿no te parece? ¿No conoces esa famosa regla financiera que dice: "Debo y me deben; me pagan, pago"? Así funciona la actividad económica y los sistemas financieros mundiales. Cuando esto falla, vienen las crisis. —No te enrolles; ya te veo lanzado a pesar de que tienes prisa. Te repito que tu petición me viene fatal. Acabo de cobrar noventa y dos mil pesetas de la extra de Navidad. Tengo que pagarle catorce mil a Alberto y cincuenta mil a mis padres. Tú mejor que nadie sabes que estamos en días de fiesta y que necesitaré dinero para regalos, turrón, polvorones, vinos y algún licor. Para no cerrarte totalmente las puertas, te podría prestar diez mil pesetas, haciendo un gran esfuerzo.

miércoles 5 de diciembre de 2007

ES LO QUE SIENTO

NO SIEMPRE ESRAMOS DE BUENOS ANIMOS PARA PODER ESCRIBIR QUE LA VIDA ES BELLA Y QUE SIEMPRE ES COLOR DE ROSAS POR QUE NO LO ES SIEMPRE !!!
PARA ALGUNOS LES DEBE PARECER ALGO "CURSI" PERO ES LO QUE SIENTO EN ESTOS MOMENTOS POR UN GRAN DESILICION CONMIGO MISMA